Rizoma a la cuarta potencia (yo me veo escribir que escribo una cita)
Sucede que me amargan los horarios y las agendas.
El polvo, el tablero (de Omar) y los sótanos de Borges no vuelven
mi juventud y mi voz no te toca.
Si yo viviera en otra ciudad (en una ciudad) aunque fuera
asquerosamente solitaria (me sentiría menos sola).
Entonces sigo aquí, aquí voy, sigo escribiendo en verso y
haciendo el ridículo en esta ciudad sin rima, ni paralelismo
ni ritmo, sin tropos y sin sentido. (Sin Foucault)
Sucede que me canso de teñir mi cabello,
de dibujar a muertos y pateras, anatemas todas
de pérgola.
¿Qué es lo que guarda el Sur? Un puñal y una guitarra (a veces tango)
Noches instantes, mandíbulas prostitutas, cristos aprendices o
dedos derechos y dedos izquierdos, mitologías y despojos (tuyos).
Harta de mí, sitiada en mi epidermis por la voz opaca
de mis dedos que te nombran (y te nombran), eres y te repites
en mis manos (según afirma el griego en el Cratilo) aunque yo sea
mi propia musa.




